martes, 29 de diciembre de 2009

Hacia el encuentro mundial de ignorares


No entramos en el ámbito del secreto, cuando planteamos que la cultura capitalista se desliza por el tobogán que la hará cadáver. Sin embargo, a los objetos y a las palabras se le endilga desde su aparato de propaganda o transmisión de ideología, el valor de la esencia, aun cuando cada uno sabe en su íntimo ético la mentira que le hace vacío.

Asumimos que en esencia el ser colectivo no apuesta por el suicidio, por el contrario buscamos partiendo de la profunda autocrítica los mecanismos intelectuales que nos hagan ver la luz y la oscuridad como parte de lo mismo.

Las personas que por diversas razones, en estos veinte años de revolución (que como dice el tango no son nada para los trescientos años de planificación que ambicionamos) hemos entrado en un proceso reflexivo que nos obliga a requetepreguntarnos nuestro hacer cotidiano, entendemos que esta tarea no es sólo de nosotros, por lo que nos impera comunicarnos con los otros inmediatos que son el cuerpo planetario atravesado de cabo a rabo por la cultura capitalista en su totalidad y por su intermedio.

Al intentar un balance, se nos torna en apariencia intocable, escuela, académico, excelencia, aparato de producción fábrica, profesor, autoridades; autonomía, ética de la razón, ciencia, cultura, arte, familia, salud, (agregue todo lo demás que se considere deba ser cuestionado) y en lo más cercano nosotros y nuestros compañeros de trabajo, porque se nos condenaría al cuarto de los leprosos por decir lo menos; sin embargo es precisamente lo intocable por donde hay que empezar, que se coloque en la claridad de la sabana todos y cada uno de estos conceptos, todas y cada una de estas relaciones, todas y cada una de estas estructuras y con toda seguridad conseguiremos la razón de la palabra hueca e insustancial que le sostiene, permitiendo luego del doloroso llanto que nos produce el cadáver, construir sobre realidades lo que ha de ser vivo y sano en condiciones armónicas.

La conversación que hoy proponemos a todos los preocupados por lo que ocurre, no está signada por dogmas o clichés mal o bien aprendidos, es la desnudes de la conciencia, la angustia por lo mirado y vivido la que nos impele al encuentro sin traumas.

Cuando se trata de la defensa del salario, es fácil la elaboración de un esquema o plan de trabajo que justifique nuestro hacer ante el superior inmediato, pero como quiera que la intención de estas reflexiones ocupan otros espacios físicos e intelectuales no podemos conformarnos con salir del paso y presentar en el ámbito de la prisa, apresuradas conclusiones que sólo nos conducirán al despeñadero del cansancio cotidiano que somos.

Nos intenciona el poder hurgar en lo hondo, en los recovecos de nuestro ser planetario desangrado por la cultura capitalista, no para la critica regodeante del remedio calmante en la enfermedad crónica que en lo irremediable nos conducirá a la muerte, sino porque es preferible detenerse a rearmar o armar lo distinto, separarse de lo que se sabe y esto, para con un asombro en la mirada salir a sensacionarse con el Universo en otro modelo de comprensión.

Aun cuando pueda parecer ataque el nacimiento de las nuevas ideas, (por lo de la fuerza de la costumbre) lo que hoy emprendemos no tiene nada que ver, por lo contrario es la enorme gana de vivir la que conduce a liberarnos del pensamiento acartonado que nos obliga a permanecer en instituciones de funcionalidad inercial, (fábrica, escuela iglesias, ejércitos, familias, partidos, sindicatos, y gremios de todo signo y genero) repitiéndose hasta la saciedad en planes, horarios balances, informes, notas de temporalidad espasmódica pero infinita, con voces muertas de excelencia, crecimiento, pro competitividad, reingeniería pero con una inversión en paralelo, para crecimiento personal, autoestima, valoración interior y toda cuanta falsa literatura busca reinsertar a la gente en el aparato productivo, con una mueca por sonrisa, desconociendo que es quieta la alegría de los muertos.

El cadáver de la cultura capitalista se alimenta cada segundo con millones de trillones sobre mil trillones de células vivas; a las que convierte en canceres consumidores de toda otra forma de vida que habita en este planeta.

La cultura capitalista se recicla a lo infinito regurgitándonos como alienados zombis que deambulamos en los templos del comercio mundial.

Condenados estamos desde ya por las voces del pensamiento muerto, sabemos de lo incontestable de sus monumentales argumentos, sobradamente demostrables, pero en grave error incurre quien piense confrontarse con lo estático no es esa nuestra intención, quien aún es sensación y mirada comprenderá.

Nos hemos decidido a pensar y a comprender desde lo más intimo, no tenemos seguridad de a donde vamos, sólo hay certeza del partir, lo demás es la vida.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Basura de Verdad


La Basura de Verdad es la no reciclable, la que no sirve para nada sino es para perturbar el mundo de los ríos, el tiempo de las playas, el aire puro que necesitan las ideas por la vida, los olores gratos, la simplicidad del hombre.

Primero fue el verbo, dicen. Después llegaron ellos, los invasores, la basura de verdad, la no reciclable, y lo expropiaron y lo embasuraron todo para volver al hombre desperdicio. Entonces hicieron del verbo, de la palabra: el chisme, la estafa, la traición. No les bastó la corrupción del dinero sino que trascendieron hasta alcanzar tornar putrefacta la actitud humana más noble.

Por no se sabe que revista científica descubrieron que la audición es el último sentido que se pierde en la agonía, entonces urdieron la trama la estrategia e inventaron la trampa y asaltaron los sentidos y le atracaron al hombre la facultad de oír el juego de las aguas, el peso de la vida ante la levedad de la muerte, el verbo del corazón; únicamente para controlar policíacamente el qué dirán y lo que sienten, piensan y rabian los que aún apenas se sostienen en vivir, por sobre la pobredumbre gerencial en la generación Basura Humana de Verdad.

Fueron más allá: traficaron con la sonrisa y el abrazo en las campañas electorales, sembraron la desconfianza en las cosechas, prostituyeron los milagros, empantanaron la fe minaron la amistad, enfermaron las profesiones, desvirtuaron el amor, se hicieron actores y lloraron frente a las cámaras, entonces también putearon el llanto. A partir de allí surgió la suerte del paranoico y del sin credo en la esencia de las ciudades: ver en todo otro al invasor proselitista enmascarado, cuya misión es invadir de descomposición a desechos de mentira para en la alquimia hacerlos Basura Humana de Verdad.

Para esta hora del poema ya no existe la calma. El temor hace la ronda, sometiendo clandestina la honestidad, las edades y los nombres, las direcciones y los bares.

Tal el poder que ha escalado la Basura Humana de Verdad que tocó presidentes con su vara de estiércol y los volvió intriga de alcoba y corrupción. Desde tal altura ya no les fue difícil nombrar secretarias privadas de la vida privada de los jefes, ministros de la seguridad secreta de los basureros políticos; diputados, generales y religiosos mulas de la adicción.

Ya todo, casi todo lo habían colmado y les estaba siendo fácil. Jugaron a la caridad con la tristeza y cambiaron parques, potes de leche popular y tapas de zinc por votos. Y así iban sumando la invasión, produciendo desesperanza para tener como héroes, tragedias que resolver. Luego venderían la imagen de la bondad y el sacrificio.

Quizás tú, o yo seamos uno de ellos en tránsito a la espera de turno en los crematorios donde se derrota los más prístinos sueños de la vida en Basura Humana de Verdad.

Soy el hombre actual

soy el hombre pantalón

el revolucionario licor

el de la palabra a media luz.

Soy la mentira y la derrota

y lo que queda de la crisis.

Soy el hombre actual

una necesidad eterna de estar ebrio

una colección de amaneceres.

un colchón de desperdicios

unas ganas enormes de continuar el circo

Sólo el claxon del aseo urbano es mi despertador

Y a paladas limpia de mi

los basureros

Debían haberme botado a mi

también.

Mis ojos se avergüenzan

de verse en mi mirada

estorbo en mi cuerpo

y mi alma sobra entre los muertos.



Profundizaron más, volvieron Basura Humana de Verdad la verdad y entraron a las casas con la facilidad de la magia sentimental que ofrecen los ladrones, y corrompieron lo sagrado y apuraron la muerte de la infancia a punta de hambre y de promesas; apoyados por la tele y sus secuaces, burlaron la sensibilidad y formaron a casi todo un pueblo en frío, a imagen y semejanza de los dioses del dinero, hasta invadir los huesos de la carne para podrir de fondo y sumarlos irreversiblemente al país que no nos pertenece.


Hay basura humana de verdad, la que no sirve para nada, ni siquiera para que la boten. Y si algo espera es convertir Basura Humana de Verdad el círculo del mundo hasta volverlo luto para siempre.


Hay otra basura, la que debe su existencia a la dignidad de haber servido alguna vez al calorcito de los cuerpos, a la frescura de los días donde hasta su otoño gravitó su más respetable intención. Esa que aún en lo inútil permite seguir sirviendo a un país de todos, esa que espera ser tocada por el viejo hombre nuevo como aquel que entendió sin ambajes la maldición del hombre en su desmedida ambición; y definió los basureros cajas de sorpresas, cuevas del misterio y del asombro, donde siempre se tiene la certeza de que aparecerá un indicio que marque el sobresalto y sonsaque la sonrisa satisfecha. Un hombre como el que volvió amarillentos periódicos aves de la tarde, chicles usados en mariposas de plastilina y a sus hijos muñecos con corazón antiguo, de escaparates inmemorables, donde se guardan todas las cosas que los niños pierden. Quien no sobrevivió al tiempo cuya moral desanda en el exilio dejando a un país huérfano de vida plena, casi botable en el aseo urbano.



Poceta.


Sabes, mi voz derrotada se transforma en cólicos.

Clandestina me recorre, truena a mi cuerpo.

Pugna la denuncia y sólo alcanza a culpar

mi podredumbre.

¡ Ah poceta!, tú que conoces tanto

lo que nadie quiere

y lleva dentro y a veces es.

Tú que sabes de los últimos libros

del precario alimento de los hombres

las borracheras de estos tiempos.

Tú que en esa soledad de sanitario

no le temes al olvido

has vencido el desprecio y soportado el despojo.

Dime poceta, tú que vives tan de

cerca los sueños

como sacar de este desierto una risa

de esta locura una razón

de este país

de ti

Un clavel.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Estamos hablando de algo distinto



Para la gente, es decir nosotros, no es fácil cambiar y posiblemente, la gran mayoría no cambiaremos, nos iremos de esta forma de vida con toda nuestra alienación acuestas, convencidos de que nuestros dogmas, deben ser las reglas de la vida. Nos iremos sin saber que la vida, se guía por sus propios mandatos.


Cuando hablamos de crear otra manera de vivir, otra forma de organizar las cosas; la costumbre nos conduce a buscar en el pasado lo que no funcionó, o sólo le funcionó al pasado, nadie piensa en lo que ocurre, en lo nuevo, todos buscamos como encamisar lo que de inmediato calificamos de locura, aun en el sentido creativo de esta palabra, a nadie se le ocurre pensar que toda revolución trae consigo su propio envase y contenido, que no obedece a dogmas ni a antiguas predicciones, ella en si misma es. Tiene personalidad propia.


Por ejemplo, quienes creen en el dogma de que la corrupción es el mal a combatir, desconocen que ella entre otras cosas, es la que hace posible, quien pide a gritos una revolución. El dogmático no puede entender que la corrupción es el síntoma claro de que una sociedad está enferma, es un alarma. Si la corrupción ha tomado todos los entes o instituciones sociales, pero además está incrustada en los huesos de los individuos que constituyen el cuerpo social, entonces estamos hablando de cáncer Terminal, ejemplo claro de lo que estamos diciendo es que todas las creaciones en forma de institución que actualmente se han implementado, rápidamente han sido minadas por el cáncer, si usted es buen observador, podrá darse cuenta que hay niños que tienen conciencia de la venta de su cuerpo, cada uno nos volvimos una empresa privada, somos el colmo del individualismo, estamos totalmente disociados y no es porque Chávez nos tiene locos, es porque el sistema llegó a su máximo grado, alcanzó su mayoría de edad, estamos en plena decrepitud, ya ni los partidos de izquierda le sirven para inyectar sangre nueva, porque son tan viejos que andan repartiendo bastonazos por las calles, creyendo que los sagaletones se burlan de ellos.


Para los pensadores revolucionarios la corrupción debe ser un aliciente para inventar, no un punto de ataque. Si intentamos salvar lo que se corrompe por si mismo, entonces debemos pensar que eso es bueno, es decir si salvamos, si adecentamos las instituciones capitalistas, sean iglesias o fábricas, o congresos, o cancillerías, o escuelas, o universidades, estamos diciendo con ese hacer que el capitalismo es bueno y que todo acto revolucionario, es decir la creación, debe ser execrado a menos que como la izquierda le sirva al capitalismo cuando este se tambalea.


Los pensadores revolucionarios, no pueden ser espasmódicos, no deben responder a los movimientos inerciales de un cadáver, seamos claros de una vez por todas, el capitalismo llámenlo como lo llamen, neo, globalizado, liberal, conservador, o cachicamo cuspa, es un sistema que ya cumplió su ciclo, pero como es un sistema, que física, carnalmente, existe, seguirá moliéndonos, si nosotros no tomamos cartas en el asunto, y dejamos de andar curando un cáncer Terminal, y nos dedicamos masivamente a pensar otro sistema de VIDA, de VIDA, OTRA manera de VIVIR, es decir de PRODUCIR, de ORGANIZARNOS.


De defender su cadáver que se encarguen los curas, los doctores, los abogados, los académicos, los empresarios, los militares, los embajadores, los intelectuales, los tradicionales poetas, los interpretes musicales, los ministriles, los periodistas, pero los creadores, los revolucionarios, los asombradores del universo, los soñadores, confabúlense con las grandes mayorías, para diseñar el mundo por venir, y dejad que los muertos entierren a sus muertos, porque la vida se va a la vida.


Necesitamos mucha conversa, masiva conversa, siempre entre iguales, los dirigentes sobran, los caudillos, los mesiánicos, los buscadores de cargos, los ignorantes de oficio, los repetidores de consignas, los alabarderos, los dogmáticos, los sabios, los fanáticos, los jalabola, los mártires, los manda tareas, los sacrificados, los héroes, los ilusionistas, los hipnotizadores, los demagogos, los ofrecedores de cargos y mundos felices, los que creen que todo lo extranjero es mejor, los fantasiosos, los creyentes en dogmas de cualquier signo, los que creen que la felicidad está a la vuelta de la esquina, los que creen que a punta e coñazo se resuelven los problemas. Con ellos, con ninguno de ellos, con ninguna de esas ideas, construiremos país o planeta, sólo repetiremos historia pero para el bien de todos los que vamos a partir, todos estaremos en lo que muere y aportaremos a lo que nace.

sábado, 19 de diciembre de 2009

El Universo Viaja solo


El dilema planteado entre sostener el actual suicidio colectivo, que por modelo civilizatorio asumimos los humanos, y la posibilidad de vivir, obliga a tomar partido; de allí que el soñador asume la vida.

El soñador no deja al azar lo que le toca de vida, hace conciencia de su hacer, si decide exiliar el afecto no lo hace con lo vivo. Sueños es un proyecto de vida que ha de manifestarse en una manera de hablar de actuar, de andar, de producir en donde el soñador destierra de si todo dato que le conduzca a miserear lo que ha de compartir con otros, es un proyecto en donde a conciencia se apropia de su hacer, se desaliena, se separa de lo muerto sin maldecir.

El soñador retira sus afectos a un mundo cultural que apostó por miedo, por hambre y por ignorancia a lo estático, a la odiatría, porque nunca una institución sabrá de risas y de llantos, nunca de instintos, jamás de atardeceres, auroras y por más que se le donen afectos sólo devolverá el frío regaño del papel timbrado, de allí que los afectos deben volver al sitio de donde jamás debieron partir, al cuerpo individual y colectivo.

El sueño es un territorio que el cuerpo abona para otra estadía.

El soñador siempre estará de paso, es un viajero en el infinito Cosmos, si deber se asigna es proteger la nave que lo conduce por los azules y luminosos espacios.

En su proyectado viaje concientiza el nido para el circunstancial reposo, está en él como esencia contribuir, a construirlo y en eso el afecto es solidario.

La casa de un soñador siempre estará dispuesta para el incansable viajero, ha de ser una estación que todo soñador debe proteger.

El sueño como proyecto de vida no socializa, no uniforma, no aglomera, cree en la diversidad como el dato cultural más auténtico, el asombro por lo diverso hace la alegría por la vida.

El sueño espera un tiempo para florecer; como la semilla, no carga prisa, por eso el soñador no predica, ni convence, no adapta discurso, no contamina por interés o fatuidad su lenguaje su código está en el sueño mismo y su clave la conocerán los soñadores en cualquier parte que habiten el planeta.

El soñador no sabe de fronteras no le preocupan triunfos o fracasos, no está en él la ideología que lo dicotomiza entre bien y mal.

El soñador tiene como meta el camino por tanto cada paso será su medio y su fin. En ese entendido todo lugar es para el soñador su lugar de origen y partida, nada le pertenece y a todo pertenece.

El soñador no abandona su sueño para acompañar otros sueños, de ser así lo abandonado estaba en si mismo, y quien se suponía soñador no era tal, porque “Nadie puede traicionar a sus sueños sin traicionarse a si mismo”.

El soñador con su sueño acompaña el sueño de los juntos y en el caso que lo acompañado devenga en espejismo, será fácil para el soñador continuar su viaje, porque él estará acompañado de si mismo en su sueño.

El soñador no esconde el sueño, lo difunde alegremente, pero si permite que se le transgreda, que se le contamine, por la incomprensión de no saber asumir la responsabilidad que el sueño trae consigo, preferible es callarlo a tiempo.
El soñador entiende que los Proyectos Colectivos son posibles desde la soledad reflexiva, es la decisión de los solos estar juntos sin previo reclamo, sin retroactivar los afectos, luego de escucharse en el adentro, después de separarse de buscarse en el cuerpo es posible estar juntos respetando el universo que viaja solo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Y si todo no se hace con Real


¿Y si el socialismo no se construye con mas petróleo? ¿Qué pasa si el socialismo se hace de otra manera que no sea produciendo más? ¿Qué pasa si dejamos de competir? ¿Qué pasa si nos ponemos a pensar juntos? ¿Qué pasa si dejamos de alimentar sinfónicas y alimentamos masivamente el pensamiento? ¿Qué pasa si el Socialismo no se hace con real? ¿Qué pasa si nos dejamos de tanta palabrería hueca y nos fajamos a crear de verdad? El socialismo no es, ni puede sostenerse en una ideología.


El socialismo debe ser conversado como una intracultura, individual y colectiva, en donde su manera de producir, genere unas relaciones de producción desde la solidaridad. En donde el conocimiento no sea un sistema de creencias, mitos o leyendas que fortalezcan la ignorancia y el miedo en las mayorías, sino que sea pensado y amasado desde el trabajo mismo en colectivo y en concordancia con las necesidades del espacio y el tiempo histórico de las comunidades, siempre guiado por las realidades.


A los compañeros de la clase media, es evidente que estas letras le incomodan, porque durante muchos años ellos han decidido la vida de millones de obreros en el planeta, ellos han detenido en nombre de sus intereses el posible avance de los briosos músculos de la invención colectiva, su habitar en el filo de la navaja, no les permite violentar el sistema, ellos se abrogan el derecho a decirnos qué debemos y qué no debemos hacer, hacia donde ir, que construir, sin darse cuenta, ellos siempre nos han devuelto a la tragedia, pero no es su culpa individual, ellos son parte de un sistema de clases en donde su ubicación les crea ilusiones, mitos, leyendas que por todos los medios tratan de hacer cumplir.



Ellos se creen destinados a salvarnos del capitalismo, por eso nos mandan, nos organizan, y nos forman a su imagen y semejanza como todos los dioses de sus mitos. Sin darse cuenta usan el lenguaje del poder y a veces como no aceptamos nos regañan.


A esos compañeros decimos, porque debemos sincerar esta conversa, el problema no es contra ustedes, el problema no es contra nadie, el problema es que debemos desaparecer como clases, y para ello es imperativo que el capitalismo deje de existir, para ello es necesario vencer, como dijeron antes, la enorme fuerza de la costumbre anidada en todo nuestro cuerpo.


Los compañeros de la clase media que creen en la revolución, le pedimos que no crean, que la piensen, que la inventen, que la amasen, que la digieran con nosotros los más pobres, pero de tú a tú, con humildad, con desprendimiento, no nos teman, nosotros no queremos gobernar ni tener poder, esa idea de tener poder se nos inculca desde afuera, de los que lo han vivido, es decir desde su clase, porque en el fondo, siempre se aspira a estar en donde están los dominantes, esta conversa se ha ocultado, pero no se puede ir hacia la eliminación del fin justifica los medios si desde ya los revolucionarios no se andan con la ética que les habita. Decir la verdad, dijo alguien nos hará libres.


Hoy necesitamos otro tipo de organización, que obedezca a las circunstancias históricas, una organización donde todos podamos circularnos, vernos las caras, tomar decisiones juntos, una que no se esconda, que no justifique sus errores, que no coloque sus intereses por encima del colectivo, que en nombre de ningún ideal obligue al colectivo a cumplir tareas que no son de su agrado, que no sacrifique, que no martirice, que no coarte, que sea fresca que obedezca al cuerpo, que no sea para siempre, que pueda desaparecer cuando no sea necesaria.


Los expertos no son nuestro sur, porque no están en sintonía con los tiempos revolucionarios, así repitan frases, hagan gestos, enarbolen banderas, la razón es sencilla allí no está el corazón.


Los cómodos no pueden orientarnos, porque ellos de manera inconsciente reproducen las ideas del sistema, porque no están necesitados de la revolución, no desean cambiar nada.


La tarea es de todos, sin límites de tiempo, sin apuros, está en nosotros diseñar el lenguaje, construir la idea, imaginar la forma, nada debe ser desperdiciado, toda idea cabe, toda idea es desechable, vengan aquí los sabios y los ignorantes, eso si lleguemos sin arrogancia, humildes. Circularse es una manera, de cara a cara, de corazón a corazón.


Estamos en los días en que todo ha de ser pensado, ninguna trampa debe crearnos la ilusión de soluciones mágicas, los pobres del mundo hemos soportado en diez mil años todos los rigores que han hecho la opulencia de unos pocos, y eso nos ha hecho sabios y pacientes. Busquemos juntos, entre nosotros, las claves que hagan posible una ética del corazón con la cual podamos habitar confiadamente este mundo. Todo, absolutamente, estará sometido a nuestra ignorancia, los íconos, serán preguntados, cada verdad procesada, la única certeza será la ignorancia y la audacia de la pregunta. Si consiguen algún atisbo de certeza, no se confíen, repregunten, sospechen, no acepten, analícenlo ebria y sobriamente, cuerda y locamente, solos y colectivamente. En cualquier esquina está la ideología tratando de joder, de aquietar, de negar el sueño, porque ella se sustenta en la enorme fuerza de la costumbre y no crea que es la ideología del otro, el que consideramos enemigo, es la nuestra, con la que dormimos, la que nos conduce a cometer y decir barbaridades, es nuestro rezo, de el es que debemos cuidarnos.


Tenemos que discutir, de casa, transporte, salud, educación, deporte, diversión, arte, trabajo, información, comunicación, y cualquier otro tópico que se escape a esta memoria, pero desde otra óptica, que no sea la explotación, la compra venta. Se sabe que los doctos se reirán, o harán el consabido mohín contra la ignorancia, sin embargo, esa sabiduría no ha podido resolver el asunto, y por el contrario cada día que pasa, los señores tecnoburócratas se vuelven un kilo de estopa, pretendiendo resolver todo con real.

martes, 8 de diciembre de 2009

De los partidos y los militantes


Hay quienes critican a la revolución, en nombre de la revolución: “que no anda, que está quieta, que no concreta” . No es a la revolución a la que critican, le temen; saben que no tienen cuerpo ni corazón para estar en ella, al menor soplo se aterran. Critican es al gobierno porque no los ubica en cargos, no les da real; esa es la verdadera naturaleza de su crítica. Siempre han sido pedigüeños, buscones, acomodaticios y reclamadores de oficio, jamás revolucionarios.


Un revolucionario no pide permiso, ni real, ni cargos, ni reconocimientos, ni adulancias, ni prebendas para estar en la revolución porque ella está en su cuerpo, le nace del corazón.


Los partidos siempre han discutido poder, siempre se han repartido la torta, para ello nos han dividido, colocado en bandos, todo el que entra en ellos pasa a tener verdades ideológicas y se nubla ante la verdad de lo real. La lucha de clases y la violencia que ella encierra debe ser detenida, es el tiempo.


Los militantes debemos aprender, que la revolución es con los juntos, porque la realizan. La conciencia es colectiva, tenemos que aprender a ser inéditos, frescos, el dogma y la receta separan. La desnudez ideológica es buena carta de presentación, para sumarse al tumulto y aprender a estar fuera de la separación.


El mundo no aguanta una repartición más, cada desgarramiento suma dolores y asesina ternura.


Esta revolución lo será, sólo en la medida en que no se parezca a ninguna, sólo cuando se parezca a nosotros. En la humildad de los juntos, de los anónimos, podemos conseguir las claves que nos hacen falta para comprender.


La organización se está generando, no es tradicional, es revolucionaria, algunos se preocupan y angustian; pero serenos, hagamos conscientemente lo que el corazón nos dicta, hagámoslo bien, responsablemente, cumplamos con las tareas que nos propongamos y sobre todo escuchémonos colectivamente.


Hay gente que piensa que porque somos pobres no sabemos hablar, entonces ellos deben hablar por nosotros, otros creen que no tenemos cultura y por lo tanto tienen el deber de culturizarnos, asimismo hay quienes nos consideran mal educados y deben educarnos, que no sabemos a donde ir y deben conducirnos. ¡Extraña coincidencia! Los partidos políticos de todas las ideologías que han existido en Venezuela, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, han pensado así de nosotros. Así pensaron los europeos cuando vinieron y vieron a nuestros antepasados: ¿Serán gente? ¿Tendrán alma? Y concluyeron: ¡Es mejor matar a los que se alcen y a los que queden vivos los esclavizamos. ¿De aquí será que nace la falsa idea de ir al pueblo? ¿Bajar a las comunidades? ¿Ponerse a su nivel? ¿Estar con el pueblo? ¿Conducir al pueblo?


¿De aquí será que nace la falsa idea de ir al pueblo? ¿Bajar a las comunidades? ¿Ponerse a su nivel? ¿Estar con el pueblo? ¿Conducir al pueblo?

Todos debemos acostumbrarnos a estas discusiones, algunos la querrán desde la miseria que da defender intereses y privilegios que están por encima de país, otros la darán desde la perspectiva de cambiar; en ambos sentidos siempre habrá segundas y terceras discusiones hasta que consigamos construir el país que soñamos. Pero en cualquiera de los lados que estemos, hay algo íntimo que no podemos discutir con nadie, que no podemos pedir a nadie y eso es: ¿Qué ética me ha de regir tanto en la discusión como en la propuesta? Porque esa será en definitiva, la ética que ha de orientar nuestros pasos en la construcción del País.


Este tiempo nos exige calma y largura en el análisis, porque este salto humano no ha de ser hijo de la prisa, la historia nos demuestra que este mundo fue construido en el apuro y sus resultados son el cansancio.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Debemos apagar el Capitalismo

Ha costado comprender que cuesta menos invertir en la construcción de una nueva sociedad, que en reparar lo que nos produce malestar. En tiempos pretéritos, no se había conformado una conciencia clara en el colectivo, de la terrible tragedia que ha producido el trabajo esclavo en las inmensas mayorías. A nuestra manera de ver se ha intentado en todos los experimentos socialistas resolver de buena fe el problema de los pobres; en ese camino se han hecho grandes aportes, como los gestos solidarios: salud, educación, construcción masiva de viviendas, internacionalismo; que hablan con claridad de la capacidad humana para vivir en otra sociedad donde el fin no justifique los medios, en donde se pueda resolver a perpetuidad el problema de las carencias infinitas, que hemos acumulado en la alienación, pero que es explotada para el beneficio de la compra venta.


Es doloroso saber que después de aportar a la humanidad veinte millones de combatientes contra el nazi fascismo, setenta años después se derrumba la Unión Soviética en medio de la más atroz corrupción; aflorando el capitalismo, cuando sabemos que más allá de la propaganda en contra, de los bloqueos, de la guerra, se hizo un esfuerzo por dar de comer, vestir, educar y prestar servicios de salud, a millones de seres humanos que surgieron de la esclavitud zarista. El pueblo chino dio una batalla heroica contra el hambre. Su gobierno hoy, en nombre del comunismo, termina aplicándoles la maquila alimentando la voracidad del capital. Pareciera que todo está destinado al fracaso; pero el gesto de Fidel Castro al reconocer cuarenta y siete años después que se han cometido equivocaciones, nos produce un gran alivio, porque no es El Cayapo quien lo está diciendo, es un hombre del que se podrán decir todas las estupideces de este mundo, pero jamás se podrá negar la profunda honestidad para sostener su idea, su compromiso de luchar por una certeza: es posible construir otro mundo social e histórico, en donde la gente no sea presa de la gente, en donde la otra naturaleza no sea nuestra esclava. Es evidente que no se puede alimentar, vestir y dar techo a los pobres, sin dar al traste con el capitalismo. Hay una razón que aparentemente no se ha entendido y es que los pobres no nacen, se hacen; en nuestro tiempo es el capitalismo la causa; mal se puede pensar entonces, en que administrando bien a este sistema se pueda resolver el problema.


La dinámica, obliga a los bien intencionados políticos que buscan transformar el mundo a escuchar los expertos; pero ocurre que estos, son en lo que existe, no en lo por construir; al final de esa práctica terminaremos en lo mismo, reproduciendo al capitalismo. Hay un ejemplo claro, un tecnócrata de la ingeniería, nos dice con su cara bien lavada que el adobe no se debe usar, porque no es antisísmico; el olvida o desconoce desde su comodidad que hay ciudades de adobe con más de cuatrocientos años; pero cuando él estudió, le enseñaron un mito y se lo aprendió y ahora lo repite como loro; él desconoce que mientras el Estado construyó en cuarenta años doscientas mil casas, los pobres construyeron dos millones, y además construyeron las de sus explotadores; pero el señor tecnócrata dice que esos pobres deben ser educados, para que hagan casas en el método capitalista, no se da cuenta que en el capitalismo el problema de la vivienda no tiene solución. Si el socialismo de carne y hueso no es ideológico, entonces debería convocarnos a las grandes mayorías para discutir cómo hacer casas en otro sistema. La revolución sólo es posible cuando los desposeídos asumimos conciencia del problema y pasamos a solucionarlo.


Los revolucionarios que están en el Estado deben comprender que no se trata de educar para seguir teniendo privilegiados. La mayoría de los fugados de Cuba en los últimos tiempos son profesionales, que nunca valoraron el esfuerzo y sacrificio de los campesinos y obreros para que ellos estudiaran y tuvieran una profesión; hoy son grandes consumidores compulsivos, que no desean saber de la revolución, sino de saciar su hambre ancestral como cualquier habitante de un país burgués. Hay que experimentar antes de seguir repartiendo títulos de graduados desde el preescolar hasta el profesional; como representación de nobleza, primero debemos invertir en la colectivización del conocimiento; hoy las grandes mayorías dudan del ingeniero, del enfermero, del médico, del maestro, del albañil, etc. Todos tememos, las evidencias son extremadas, no escondamos lo evidente; allí puede estar el secreto que nos conduzca a las puertas de la nueva sociedad.


Un Funcionario de la tierra dice de buena fe, que ahora sí se le dará tierra con crédito y se le construirán las casas a los campesinos; si es así, entonces la revolución dentro de veinte años estará reconociendo en boca de Chávez su equivocación, porque el problema no está en dar, está en planificar con todos la nueva forma de producir; por ejemplo, cuando uno va al campo consigue que se ha repartido la tierra entre los campesinos pero resulta que están sembrando para la agroindustria. Si usted me hace una casa, no me está solucionando un problema, me está creando como país un grave problema, porque somos colectivamente consumidores compulsivos; no importa que no tengamos con qué, alguien dijo que me enseñen, no que me den, y no niego lo de la mano tendida. Debemos detenernos a planificar, debemos conseguir en está revolución la nueva manera de trabajar, de crear una red social, pero no virtual sino práctica; una que nos mancomune; digámoslo de una vez por todas, no es educando en los conceptos de la actual escuela, no es curando como el actual aparato de salud -incluido barrio adentro- no es sembrando como estamos, no es produciendo por la vía de las cooperativas (La SHELL, MONDRAGON, pertenecen a una cooperativa), no es haciendo deporte de alto rendimiento, no es el arte del ministril pagado, como construiremos la nueva sociedad; el socialismo de carne y hueso debe estar en manos de todos. Detengámonos, nadie nos espera, es verdad están las tareas propias de la lucha de clases, pero ello no debe ser excusa que nos lleve al error cometido por los anteriores experimentos, que siempre dejaron para después el sueño, quedando al final lo reparado como expresión del comunismo.


Si alguna vez hizo falta información y comunicación es ahora. Todos los días nos estamos encontrando para exigir beneficios gremiales, para crear leyes que favorescan al gremio, pero no para diseñar país, no para soñar; sino para ver qué me dan, a quién robo, cómo logro el cargo; los encuentros se fragmentan entre entendidos, de expertos en expertos, diluyéndose en mamotréticos informes, quedándose en nosotros el saborcito amargo de no haber logrado nada y sí de haber gastado tiempo. Sin embargo hoy más que nunca hace falta planificar muchos encuentros, pero del país, el de carne y hueso, el que no tiene a donde ir, ese que requiere de vivienda, de salud, de trabajo que no de empleo, de diversión, de conocimiento, de calzado, de vestido, de comida; encuentros no compulsivos, deben ser serenos, dar frutos; pacientes como los indígenas, los campesinos; deben ser encuentros que duren muchos días, para producir lo deseado. Nada que tenga mucho tiempo sin solución y que se discuta en dos días lo tendrá. Esperar haciendo, conversando, es una clave; experimentar encontrándonos en permanencia, es otra clave; abandonar el gremio, la institución, para sentarse sin apuro en el círculo puede ser otra clave. De todas maneras este es un decir, si nos equivocamos todos, no nos equivocamos; si se equivocan pocos en nombre y sin consulta de muchos entonces lo sufrimos todos.

¿Construyendo un mundo nuevo copiandome del mundo viejo?


El ministro habla de cultura y se alegra de repetir las miserias del pasado; habla de economía y copia planes de bancos que producen pobres; se habla de salud, de vivienda, de deporte, de comida, de siembra, de cría, de zapatos, de vestido, pero siempre de lejos. Nadie nos pregunta sobre eso, sólo se hacen planes con urgencia, planes copiados de otros países en fracaso, que después de los millonarios planes son más pobres. A nadie pareciera interesarle en las esferas del poder lo de inventar o errar, todos siguen comportándose como si el mundo fuera una tabla de cuatro orillas y se conforman con ir de una a otra. Los planificadores, burócratas, tecnócratas o políticos, nunca les pasa por la cabeza que nosotros podemos pensar y resolver en la medida en que nos den la información real y necesaria, pero esa manía de creerse sabios, nos conduce a todos a repetir el dolor de la equivocación, en donde por razones práctica nosotros seguimos siendo los cara e culpable de siempre, repitiéndonos en la hasta ahora infinita lucha de clases.


Sino, preguntémonos: ¿Cómo me quitaron mi arquitectura, mi armonía y me pusieron a vivir en estas casas de cemento en pleno trópico?; ¿qué interés o qué ignorancia nos enfermaron?; ¿cómo fue que me obligaron a vivir en casas de cochinos?; ¿cómo fue que me vistieron con poliéster en este sol?; ¿cómo fue que me pusieron a comer un solo pan y una sola carne?; ¿cómo me enfermaron de diabetes?.



Los macro planes de viviendas diseñadas y construidas por personas que no van a vivir en ellas engordan las arcas de empresarios y funcionarios de la construcción. Así es la salud, engorda funcionarios y laboratorios, y la comida y el calzado y el vestido que es para nosotros. ¿Por qué no dejan que seamos nosotros quienes decidamos? ¿Cuál es el apuro? Pero también es la educación y el deporte; negocios, comisiones, donde aparecemos como números, sólo estadísticas, nada varía, en las esferas del poder creen que nada ocurre, que nada pasa, que nada pasará, creen que basta con cambiar adecos y copeyanos y nos siguen viendo como gente que de vez en cuando hay que darle una chupeta para mantenerla contenta, y cada cierto tiempo voten no se dan cuenta que somos el 89 y el 4F y 27Nov y 13 de abril y 7 elecciones sosteniendo a pesar de ellos una idea de país.



Hay quienes no entienden la necesidad de una revolución y la confunden con darle de comer a los pobres como si fuéramos cochinos. ¿Cómo fue que me avergonzaron tanto, al punto de que yo no pueda amarme?




No habrá democracia, ni libertad ni participación del colectivo mientras las estructuras que generan la representatividad permanezcan, mientras la fábrica sea la fábrica, la agroindustria sea la agroindustria, los partidos sean los partidos, las instituciones las instituciones. La democracia participativa comienza cuando en colectivo tomo la decisión sobre la producción, fuente originaria de lo que somos como gente. Esta revolución nos debe colocar en el camino de conversar en qué modelo de producción quiero vivir, si escogemos el del crecimiento económico el de los macro números, el de la competencia, entonces estaremos repitiendo historia y no habremos comprendido lo de inventar o errar, lo de cambiar, lo de construirnos desde el adentro, seremos unos vulgares repetidores de discursos vacíos y prácticas antiguas que siempre nos han esclavizados. Si por el contrario nos buscamos sin apuros, en otra ética, entonces habremos comprendido lo de aquel caballero andante, llamado Simón Rodríguez, cuando con toda su humanidad nos enseñó sin miedo a las miserias de su tiempo el significado de “Inventamos o erramos.” Estamos en una revolución. Comprendamos, no temamos, no nos acobardemos no le tengamos miedo al cuero, abandonemos el poder, bañémonos en la alegría, sumerjámonos en el manantial de lo nuevo, de lo por nacer. Por favor no sigamos siendo funcionarios de lo inerte.

Para los COMUNICOLOGOS


Se dice que tenemos un problema comunicacional, si eso es así y lo dicen con angustia, es verdad, entonces debemos pensar que los encargados de resolver el problema no se atreven a salirse de los canales regulares del pensamiento institucionalizado, no se atreven a buscar el medio de la calle, los callejones, los escondrijos las esquinas, no escuchan a los millones que somos, sino que creen que deben hablarnos para formarnos, para instruirnos, se olvidan que lo único revolucionario somos nosotros no como individuos sino como fuerza colectiva, y es a eso a lo que hay que darle fuerza, pero bueno chico pregúntense cómo es que el compañero Hugo se puede comunicar con nosotros y ustedes no, muy sencillo cuando él pregunta y dice: “¿Por qué ellos están en el sol y nosotros en la sombra?, inventamos o erramos, aquí erramos, o todos en el sol o todos en la sombra”; es porque sabe lo que es una punta de sol rayando el lomo, ¿sociología pura, o sentimiento? esto lo encierra todo, déjense de esa pendejera de la orientadera y la formadera ideológica, mójense como nosotros en el día a día y manden esa superioridad saben donde, queremos es el abrazo, o es que no recuerdan que ustedes no estaban cuando nosotros salimos el 27 y 28 de febrero del 89 y en las jornadas de abril del 2002, esto lo decimos no por echonería, porque humildad nos sobra en quinientos años; sino porque, ese es el problema comunicacional, no una maraca de periódico, con el mejor papel, y veinticuatro millones de ejemplares, muchos colores y letras que jode dándole vivas a la revolución en el aire, lo que hará un medio, no será una troncoecadena de TV satelital y tal, o un fenomenal emporio radial, no, es y será y son las ideas y la disposición a cambiar y a desprenderse de lo viejo, de lo cadáver lo que hará una comunicación revolucionaria adecuada a cada instante a cada momento por las que pase la lucha de las revoluciones dentro de las revoluciones.

¿Qué Carajo es una Revolución?


Escribir sobre lo que no se sabe es angustiante, porque ocurre. Te rodea, te empuja, te tropieza, te insomnia, te desacostumbra, y todo lo que era ya no lo es. Las palabras dejan de ser las palabras y sobre todo lo que nombran. Hay un disloque en el cotidiano movimiento, que duele, que molesta, que fastidia, pero te obliga a marchar y lo peor es sin saber a donde. Es esto lo que llamamos revolución: el escoñetamiento del todo y las partes. Nada quedará ileso, hagamos lo que hagamos; por más cagazón que tengamos no lo podremos evitar, esto que ocurre nos ocurre a todos, en todos los idiomas y en todas las comidas, en todos los amores y en todos los odios. Para algunos será una mierda, una abominación, una coñoemadrada, una inmensa falta de respeto a toda la historia, a toda la cultura, a todo el esfuerzo, a todo lo acumulado, a todo lo construido, a Dios, a la virgen y al espíritu santo, pero de todas maneras ocurrirá. Para otros será salvación, mejora, comida, libertad para decir, cantar correr, tirar, beber y cuanta vaina en el ámbito de la carencia se haya sufrido. A pesar de que nos odiaremos, nos mataremos, y nos comeremos vivos, ni los unos ni los otros sabremos qué carajo es una revolución. Y es porque esa necesidad no estaba en la mente de aquellos que tanto la deseamos, de aquellos que tanto la evitamos.


Los que sueñen, sueñen sin el poder, imagínense otro mundo en el que el nacer no sea un dolor, como destino un destierro, imaginen qué desearon hermoso fuera de la carencia, imaginen el sexo sin valor, imaginen la casa y la risa, no imaginen lo existente, no sueñen satisfacción de carencias, soñemos sin el arrullo del poder.


Hoy no puede ser la prisa la que signe nuestros pasos, los que tengan tanto miedo, que se pongan boca abajo en un río hasta que se calmen, todas esas organizaciones de ambos lados desconocen que contribuyen con sus acciones a precipitar el derrumbe de lo establecido, y con ello su propia desaparición, estamos girando en la vorágine de la guerra eterna, ese será nuestro destino como gente de estos tiempos soñados en los espacios del miedo, del hambre y de la ignorancia.


Hermanas, hermanos, esta batalla es por la alegría y la vida, todos a manifestarnos, no hay tareas grandes ni pequeñas en la revolución, sólo hay tareas, como sólo hay gente y todos somos importantes.



Las revoluciones en las revoluciones, nos exigen abandonar esquemas, negar ideologías, para que florezcan millones de ideas, porque las revoluciones que están dentro de las revoluciones, las producen son las ideas que surgen de lo agotado, porque lo estático, lo institucional, por la fuerza de la costumbre, sólo reproducirá lo muerto.

Cuando se pierde la esperanza comienza el socialismo



Ya lo hemos dicho, cuando se pierde la esperanza comienza la revolución. Se hace necesario el cuestionamiento de todo el andamiaje productivo, sus relaciones y las instituciones que le sostienen. Es cuando nos apropiamos del hacer y nada es dejado al azar. Es cuando comenzamos colectivamente a producir los versos, a veces rudos, a veces tiernos, a veces limpios, a veces con aristas, es cuando nos desnudamos de todo interés y comprendemos que la revolución es la vida misma que se transforma. Defender una vieja forma es un sin sentido. Lo que ha de morir, naturalmente ocurrirá.

Nada volverá atrás, ningún interés, sea de clase o individual, evitará que se produzca el hecho revolucionario, él ocurre porque la gente se niega al suicidio y buscará soluciones. Es en este momento, cuando los colectivos que buscan el cambio deben conversar, más allá de la institucionalidad. ¿Cómo debe ser el mundo soñado?, ¿cómo producir sin dañar?, ¿cómo adquirir conocimiento sin alienarse?, ¿cómo estar juntos sin ser sometidos?, ¿cómo jugar sin egos?, ¿cómo no ser superiores, ni mejores, sino ser en comunión? Pero esta conversa, debe estar ligada con el hacer, único juez posible. Esta conversa, no puede estar dirigida por los estafadores de la palabra sin contenido, sino que debe ser jugosa, cargada del fruto de los haceres, porque ni allí ni en el corazón es posible la traición.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Los multiples planos de una REVOLUCIÓN

Vivimos una revolución, la que no ha ocurrido nunca, la que no mientan los libros, ni los sabios, ni entendidos, la que no es posible comparar, la de los planos infinitos en un mismo tiempo histórico, la de inesperados giros, la que está viva, escucha, habla, gesticula, corre, salta, y mira a todas partes. En ella estamos nosotros íngrimos y solos, cimarrones, con un brillo, con una flama, separados de todo poder, buscándonos en la alegría, en la sencillez, en la humildad. Vivimos una revolución donde los juntos prefiguramos con nuestros cuerpos otro modo de relacionarnos, otra manera de producir, otra forma de andar; sólo posible colectivamente.

Vivimos una revolución en donde participan por igual los que deseamos permanecer y los que queremos cambiar, pero ninguno de nosotros lo sabemos, lo cierto es que acabaremos con el capitalismo como cultura, porque ambos somos capitalistas, y como tales debemos desaparecer, por eso es que estamos en proceso de la separación de esta cultura para comenzar la juntura de lo colectivo que nos conduzca a la creación de la cultura socialista, esa es la gran contradicción de este tiempo.